LA AUTOCRÍTICA NEGATIVA: CUANDO SOMOS NUESTRO PEOR ENEMIGO

La autocrítica nos sirve para evaluar tanto los puntos positivos como negativos de nuestras actividades, pensamientos o sentimientos; y a partir de esa evaluación comenzar un proceso de aprendizaje con el propósito de mejorar.

Hablaríamos de una autocrítica conveniente, productiva, e incluso sana, si se hace con cuidado y con el objetivo de aprender y evolucionar; ya que podría servirnos para generar nuevas conductas y enmendar los errores.

Sin embargo, la mayoría de las veces, usamos la autocrítica de forma negativa y destructiva hacia nosotros mismos; y en consecuencia nuestra autoestima y autoconcepto resultan dañados.

¿De qué forma te hablas? ¿Cómo te tratas? ¿Te gustas? El autoconcepto se refiere a lo que piensas sobre ti; lo que se refleja en la manera en que te tratas a ti mismo: qué te dices, qué te exiges y cómo lo haces.

Además de sobrevivir al medio y a la lucha diaria, también hay que aprender a sobrevivir a uno mismo: el enemigo no siempre está fuera”. Walter Riso.

La autocrítica patológica o desadaptativa es esa voz interior que te ataca, juzga y culpa por casi todo lo que haces y dices; ¡Nunca hay tregua para ella!

El diálogo interno es continuo; nos recuerda constantemente lo poco que valemos, lo mal que hacemos las cosas, lo mucho que hemos fracasado, lo poco que nos esforzamos….

Sus ataques siempre parecen razonables y justificados; estamos tan acostumbrados a esa voz interior, que por mucho “que nos machaquemos a nosotros mismos”, siempre terminamos creyendo lo que nos dice sin cuestionarlo; pero sobretodo, no somos capaces de advertir el efecto tan devastador que tiene sobre nosotros; que es la desaparición de una autoestima sana.

La autocrítica negativa está siempre juzgando, culpando y encontrando errores.

Los “deberías” son la forma más frecuente (y efectiva) que usa para atacarnos; constantemente compara nuestra forma de ser con la que “debería” ser. Algo, que bien entendido podría ser incluso beneficioso para progresar y mejorar; se convierte en una fuente de malestar psicológico y emocional; debido a las expectativas poco realistas que muchas veces, aún sin ser conscientes, nos empeñamos en mantener.

Con frecuencia, usamos la autocrítica como un intento de “motivarnos” para lograr metas y autoexigencias desproporcionadas; sin embargo, lo único que conseguimos al tratarnos con tanta dureza es el efecto contrario: aumentar la presión, la ansiedad, la frustración, y en definitiva, la sensación de poca valía.

Cuando se tiene criterios estrictos para autoevaluarse, siempre se tiene la sensación de insuficiencia. Se cae en un círculo vicioso del cual es difícil salir: las metas imposibles hacen que la conducta nunca llegue al nivel deseado, pese a nuestros esfuerzos; y al sentirnos incapaces, la autoevaluación será cada vez más negativa; y, por tanto, aumentará el nivel de estrés; lo que nos alejará cada vez más de nuestros objetivos… y vuelta a empezar.

Evidentemente es necesario evaluar nuestro comportamiento y hacernos responsables de nuestros errores para mejorar aquellos aspectos que deseamos y en los que es posible hacerlo, la clave está en hacerlo sin dañar nuestra autoestima.

Para controlar la autocrítica negativa y no permitir que afecte a nuestro autoconcepto, primero tenemos que ser capaces de oírla.

La mayor parte del día estamos inmersos en nuestro dialogo interior, vamos saltando de un pensamiento a otro sin parar; para “cazar” los ataques de la crítica tenemos que prestar mucha atención tanto al contenido como a la forma en la que nos hablamos; especialmente en aquellas situaciones que nos resultan más problemáticas y nos hacen dudar de nosotros mismos, por ejemplo: después de haber cometido un error, en reuniones sociales, ante una crítica, etc…

En la tarea, nada fácil, de descubrir a la autocrítica te será de gran ayuda anotar de manera sistemática todas aquellas evaluaciones negativas que a lo largo del día realizamos sobre nosotros mismos; registrar este tipo de pensamientos nos ayudará a tomar consciencia no sólo de la forma en la que nos tratamos, sino además de cómo nos hace sentir y de las consecuencias que tiene para nosotros.

Una vez identificado los pensamientos negativos será el momento de trabajar con ellos e intentar modificarlos; el objetivo sería encontrar alternativas mucho más sanas y adaptativas a la autocrítica patológica.

Walter Riso, en su libro “Enamórate de ti: el valor imprescindible de la autoestima”; nos ofrece una guía para salvaguardar nuestro autoconcepto del autocastigo, la autocrítica y la autoexigencia indiscriminada. Algunas de sus recomendaciones son:

1.- Trata de ser más flexible contigo mismo y con los demás.

Intenta no utilizar un criterio dicotómico para evaluar la realidad o a ti mismo.

Si eres inflexible y rígido con el mundo y las personas, terminarás siéndolo contigo mismo; no te perdonarás el mínimo error; serás tu propio verdugo.

2.- Revisa tus metas y las posibilidades reales para alcanzarlas.

Exígete a ti mismo de acuerdo con tus posibilidades y capacidades reales; si tus metas son inalcanzables, vivirás frustrado y amargado.

Escribe tus metas y descarta aquellas que no sean vitales ni te lleguen desde dentro.

3.- No observes en ti sólo lo malo.

Si sólo te concentras en tus errores, no verás tus logros; si sólo ves lo que te falta, no disfrutarás del momento, del aquí y ahora.

Cuando te encuentres focalizando negativamente tus “malas conductas o pensamientos” de manera exagerada: ¡detente! Toma un respiro y trata de inclinar la balanza; no te regodees en el sufrimiento.

4.- No pienses mal de ti.

Sé más compasivo contigo; no te insultes ni te faltes el respeto; afortunadamente no eres perfecto ni eres tampoco tan horrible, aunque te empeñes en serlo.

Lleva un registro sobre tus autoevaluaciones negativas, detecta cuáles son justas, moderadas y objetivas, y cuáles no; y si descubres que el léxico que usas para ti mismo es ofensivo, cámbialo y busca calificativos más constructivos y respetuosos respecto de tu persona.

5.- Quiérete la mayor cantidad de tiempo posible.

La premisa: “Si me va mal, me odio, y si me va bien, me quiero” es injusta contigo. Si el amor que sientes por ti fluctúa demasiado o depende de tus hazañas y grandes logros, quizá no te quieras tanto.

Una autoestima bien constituida se mantiene en el tiempo y tiende a ser constante; aún, cuando haya momentos pasajeros en los que no te gustes demasiado; sin embargo, aún en esos momentos tu valía personal, si realmente te amas a ti mismo nunca entrará en juego.

6.- Trata de acercar tu “yo” ideal a tu “yo” real.

Las metas imposibles, extremadamente rígidas, aumentan la distancia entre tu “yo” ideal (lo que te gustaría hacer o ser) y tu “yo” real (lo que realmente haces o eres). Cuanto mayor sea la distancia entre ambos, menor será la probabilidad de alcanzar tu objetivo, y más la frustración y los sentimientos de inseguridad.

Si has idealizado demasiado lo que deberías ser, lo que eres te producirá fastidio, y, el único material de trabajo útil con el que cuentas para mejorar es asumir quién eres, si anestesia ni autoengaños.

7.- Aprender a perder.

La autoexigencia exagerada se mide en función de las posibilidades de cada uno; es así de simple. Si no posees las habilidades o los recursos necesarios para lograr tus fines, la aspiración más simple se convertirá en una tortura.

En estos casos, la revaluación objetiva y franca de tus aspiraciones en relación con tus capacidades es la solución: hay que aprender a perder, y aceptar que no siempre los sueños se harán realidad, y que esto no te hace mejor ni peor, sino más realista y aterrizado.

Para resumir, la autocrítica moderada, la autoobservación objetiva, la autoevaluación constructiva y el tener metas racionales y razonables ayudan al desarrollo del potencial humano.

La clave está en el equilibrio, no se trata de “pasar de todo” y no tener ningún tipo de expectativa; pero tampoco de autoengañarnos pensando que “podemos con todo” y elevar nuestras exigencias a límites inalcanzables.

Reducir la autocrítica negativa y trabajar para construir una autoestima sana es una forma eficaz para mejorar nuestra salud psicológica y bienestar emocional.

Dejemos de ser tan destructivos con nosotros mismos y empecemos a querernos más, o al menos a respetarnos; aceptemos que pueda haber aspectos en nosotros mismos que no nos gusten; y trabajemos en aquellos que podamos, y deseemos mejorar.

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