Trastornos de Ansiedad

La ansiedad puede describirse como un sentimiento de inquietud, nerviosismo, preocupación, temor o pánico por lo que está a punto de ocurrir o puede ocurrir.

Es natural que ante situaciones nuevas, desconocidas o que suponen un desafío se produzcan sentimientos de ansiedad y nerviosismo. Incluso sentir una leve ansiedad puede hacer que una persona se concentre y se prepare mejor para enfrentar posibles problemas, cuando esto ocurre la ansiedad puede ayudarnos a actuar de una forma más eficaz. Pero cuando la ansiedad es demasiado fuerte puede impedir que demos lo mejor de nosotros, es decir, demasiada ansiedad puede hacer que una persona se sienta abrumada, cohibida e incapaz de salir airosa de la situación en la que se encuentra.

La intensidad con la que sufrimos estas sensaciones puede ir de leves a intensas, dependerá de la persona y de la situación.

Los síntomas del trastorno de ansiedad pueden presentarse de repente o aumentar poco a poco y persistir hasta que la persona empieza a darse cuenta de que no está bien. A veces la ansiedad crea una sensación de fatalidad y aprensión que parece producirse sin ninguna razón. Es habitual en los que sufren de trastorno de ansiedad no saber qué está causando las emociones, preocupaciones y sensaciones que tienen.

Hay diferentes tipos de trastornos de ansiedad, con síntomas diferentes. Sin embargo, todos tienen una cosa en común: la ansiedad se presenta con demasiada frecuencia, es demasiado intensa, es desproporcionada respecto a la situación del momento e interfiere en la vida diaria de la persona y en su felicidad. Los diferentes trastornos de ansiedad se denominan con nombres que reflejan sus síntomas específicos:

  • Trastorno de ansiedad generalizada. Las personas que sufren este trastorno están constantemente preocupadas y tensas, incluso cuando hay poca o ninguna causa clara. Parecen incapaces de liberarse de sus preocupaciones, no pueden relajarse, se asustan con facilidad, tienen dificultades para concentrarse y están cansadas e irritables. Con frecuencia tienen problemas para conciliar el sueño y permanecer dormidas, por lo que el sueño no es reparador ni satisfactorio. También pueden presentar otros síntomas físicos como tensión muscular, problemas estomacales, sudoración o dificultad para respirar. Las preocupaciones van de un problema a otro: familia, relaciones interpersonales, trabajo, dinero, salud, futuro…. y casi siempre piensan que puede ocurrir lo peor.
  • Fobias Específicas. Se trata de un temor fuerte e irracional hacia algo que representa poco o ningún peligro real. Existen muchas fobias específicas, algunas de las más comunes son a las alturas, espacios cerrados, volar, conducir, sangre… Las personas con fobias intentan evitar la situación que les provoca miedo, si eso no es posible, pueden experimentar una ansiedad intensa y ataques de pánico, junto con un fuerte deseo de huir.
  • Fobia Social. Las personas con ansiedad social tienen un miedo intenso, persistente y crónico de ser observadas y juzgadas por los demás y de hacer cosas que les producirán vergüenza. Incluso en el caso de que logren enfrentar sus temores y logren estar rodeadas de otras personas, con frecuencia se sienten muy ansiosas de antemano, se sienten muy incómodas durante el encuentro, y se preocupan durante muchas horas después de la situación acerca de cómo fueron juzgadas por los demás. La fobia social se puede limitar a una sola situación (p.e. comer delante de alguien) o puede ser tan amplia que la persona pueda experimentar ansiedad en presencia de prácticamente cualquier persona que no sea de su familia. Los síntomas físicos que acompañan con frecuencia a la fobia social incluyen enrojecimiento, transpiración intensa, temblor, náuseas, y dificultad para hablar. Cuando estos síntomas ocurren, las personas con fobia social sienten que todas las personas los están mirando.Este miedo puede tornarse tan intenso, que interfiera con su trabajo, estudios, relaciones personales, de pareja…
  • Trastorno de pánico. Se caracteriza por ataques repentinos de terror, usualmente acompañados por latidos fuertes del corazón, transpiración, debilidad, mareos, o desfallecimiento. Los ataques de pánico usualmente producen una sensación de irrealidad, miedo a una fatalidad inminente, o miedo de perder el control. A veces, las personas que sufren ataques de pánico creen que están sufriendo un ataque cardiaco, que están enloqueciendo, o que están al borde de la muerte. No pueden predecir cuándo o dónde ocurrirá un ataque, y entre los episodios, muchas personas se preocupan intensamente y se aterrorizan de pensar en el próximo ataque. Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento, incluso al dormir. Las personas que presentan ataques de pánico repetidos y en su máxima expresión, pueden llegar a quedar muy limitadas por esta enfermedad, y deben buscar tratamiento antes de que comiencen a evitar lugares o situaciones en las cuales han padecido ataques de pánico. Las vidas de algunas personas se restringen tanto que terminan evitando actividades normales, tales como ir de compras o conducir un automóvil. Cuando la enfermedad llega hasta este punto, se llama agorafobia o miedo a los espacios abiertos.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo. Las personas con este trastorno tienen pensamientos persistentes y perturbadores (obsesiones) y usan los rituales (compulsiones) para controlar la ansiedad producida por estos pensamientos. La mayoría de las veces, los rituales terminan controlando a esas personas. Algunos ejemplos de obsesiones son el miedo a los gérmenes o el miedo a lastimarse. Entre las compulsiones se incluye lavarse las manos, contar, revisar una y otra vez las cosas o limpiar. Cuando el trastorno obsesivo-compulsivo no es tratado puede llegar a dominar la vida de una persona.
  • Trastorno por estrés postraumático. Este tipo de trastorno de ansiedad es consecuencia de una experiencia traumática o aterradora sufrida en el pasado. Las personas con TEPT pueden asustarse con facilidad, paralizarse a nivel emocional (especialmente en relación con personas cercanas a ellas), perder interés en las cosas que acostumbraban disfrutar, tener problemas para mostrarse afectuosas, ponerse irritables, más agresivas, o incluso violentas. Suelen evitar situaciones que les recuerdan el incidente original y los aniversarios del mismo son con frecuencia un momento muy difícil. La mayoría de personas con TEPT reviven múltiples veces el trauma en sus pensamientos durante el día y en pesadillas al dormir. No todas las personas que sufren un trauma desarrollan un TEPT. Normalmente, los síntomas comienzan dentro de los tres meses después del suceso, pero en ocasiones pueden surgir varios años después.
 

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